¿Hemos olvidado lo que es el escepticismo?

por | 29 enero, 2018

El texto a continuación es la traducción al español de la transcripción de una entrada del video-log de Jonathan Jarry, posteada en el excelente blog escéptico “The Body of Evidence”. Este blog, que contiene entradas escritas, podcast y videos, es de un par de escépticos canadienses que se centran en temas de alimentación y salud. La presente entrada, que les entregamos aquí con autorización del autor, es sin embargo más general, y se refiere a la importancia de que los escépticos no pierdan de vista los principios fundamentales del escepticismo y que se atengan a estos.

TRANSCRIPCIÓN

A la luz de acontecimientos recientes, es posible que los autodenominados escépticos deban mirar hacia atrás y recordar por qué se llaman a sí mismos “escépticos” en primer lugar. ¿Qué es el escepticismo? ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué estamos tratando de lograr?

Conflictos recientes, de los que he sido testigo, en YouTube y en otras partes de Internet, me han llevado a hacerme preguntas muy básicas. Una comunidad de personas puede a veces alejarse de su misión hasta el punto de que sus miembros olvidan en qué consistía, y sus acciones pueden llegar a ser opuestas a sus principios fundacionales. Es por eso que creo en que debemos preguntarnos regularmente, “¿Qué estamos tratando de lograr?, ¿En qué creemos y por qué?”. A través de la autorreflexión, debemos observar nuestras acciones recientes y ver si se alinean con nuestros principios.

El tipo de trabajo que Chris y yo hacemos en The Body of Evidence está en consonancia con los principios del escepticismo, aunque uno de nosotros no necesariamente se autodenomine como escéptico. Creemos que estos principios rectores son esenciales para separar el sentido del sinsentido, para determinar qué es probable que sea cierto dentro de las noticias biomédicas y para descartar las afirmaciones de salud sin fundamento. Y no somos los únicos. Hay autodenominados escépticos en todo el mundo. Existen organizaciones escépticas, así como comunidades dispersas que existen tanto en la vida real como en plataformas específicas de Internet.

Sin embargo, referirse a uno mismo como escéptico no es suficiente. Las acciones hablan más que las palabras. Cualquiera puede llamarse a sí mismo escéptico, pero ¿se comportan realmente como uno?

Quiero recordarme a mí mismo lo que significa ser un escéptico, porque de otro modo podría olvidarlo, y espero que este ejercicio también pueda beneficiar a cualquiera que lo vea.

El escepticismo científico tiene que ver con dosificar tu creencia, cuán duro crees que algo es cierto, según la fuerza de la evidencia que te presentan. Esto significa que una pequeña afirmación -como que comí pollo para la cena- requiere poca evidencia para creerse, pero que una afirmación extraordinaria -que mi cáncer se curó mediante el canto de un viejo encantamiento persa- requiere una evidencia extraordinaria para ser aceptada. Y también se trata de reconocer que algunas formas de evidencia son mejores que otras, con la evidencia científica superando a sentimientos, instintos, autoridad, tradición y anécdotas.

Si bien los escépticos son a menudo acusados ​​de ser cerrados de mente, el verdadero escepticismo exige una mente abierta. Significa que, en lugar de estar estrechamente ligado a una ideología, estás realmente abierto a cambiar de opinión a la luz de una mejor evidencia. No evidencia débil, sino sólida. El pensamiento extremista es fácil: el mundo se va al infierno o todo es maravilloso. Por el contrario, el escepticismo nos enseña a navegar el espectro entre la credulidad y el negacionismo, evitando al mismo tiempo el cinismo.

Citando al físico Richard Feynman, “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo … y tú eres la persona más fácil de engañar”. Los escépticos a veces se olvidan de eso. Nuestro cerebro nos engaña todos los días. Las ilusiones mágicas nos confunden, pero engaños más sutiles pueden también distorsionar nuestro sentido de realidad. Sesgos cognitivos, heurísticas … nos atraen hacia pruebas que confirman nuestras preconcepciones y rechazan más fácilmente aquello que va en contra de nuestras ideas. Notamos defectos en otros más fácilmente de lo que notamos los nuestros. Somos pésimos en estimar probabilidades, y nuestros recuerdos no son tan precisos como creemos que son.

Además, otras personas intentan manipular nuestro pensamiento con malos argumentos: falacias lógicas, sofisterías, argumentos que a primera vista parecen sólidos pero que realmente tienen poco sentido cuando se analizan. Y fácilmente damos los mismos malos argumentos cuando intentamos defender nuestras propias creencias.

Las mismas herramientas que utilizamos para recopilar información sobre nuestra salud, sobre política y sobre eventos mundiales, terminan creando una acogedora “cámara de eco” a nuestro alrededor. YouTube tiene una función de reproducción automática alimentada por los llamados “videos recomendados”. Si veo un video con un famoso homeópata, pronto veré muchos videos más con este homeópata. Facebook tiene un algoritmo similar que adapta mi feed a lo que me gusta, no necesariamente lo que necesito ver. En Twitter, ¿a quién sigo? ¿Gente que está de acuerdo conmigo? Eso puede convertirse en otra cámara de eco. Y no necesito decirte acerca de los canales de noticias que están sesgados de una forma u otra.

Todo esto conduce al sesgo de confirmación.

Si logro salir del interior de esta reconfortante bola de espejos y buscar información para responder a una pregunta que tengo, debo evitar “elegir con pinzas” sólo la información que me gusta (cherry picking, en inglés, en el original) y descartar la que no me gusta. Necesito mirar el cuerpo completo de la evidencia. Y necesito pedir fuentes primarias, no informes de segunda mano. Debo preguntarme, “¿cómo saben lo que dicen saber?”. La epistemología, o cómo sabemos lo que sabemos, es tan importante para la formación de creencias, que debe siempre ser examinada.

Deberíamos ser críticos con las ideas que no están de acuerdo con nosotros; pero deberíamos ser aún más críticos con las ideas que concuerdan con nuestras preconcepciones. No debemos ser deshonestos. Haga preguntas, dude de todo.

Estos principios no son imposibles de adoptar por usted mismo, y se hace realmente necesario aplicarlos en la práctica cuando se interactúa con personas que no están de acuerdo con usted.

Cuando dejamos de comportarnos como buenos escépticos, de mente abierta y que buscan la evidencia, comenzamos a atacar a las personas en lugar de criticar las ideas, se produce el conflicto y ​​se publican treinta y nueve videos de reacción diferentes. Los problemas se polarizan, se trazan líneas, se reúnen las tribus y volvemos a la mentalidad del “nosotros contra ellos”, de la cual el escepticismo, cuando se practica rigurosamente, debería alejarnos.

Hay un principio central en el pensamiento crítico que, tal como el ejercicio regular y una nutrición adecuada, es difícil de practicar de manera consistente, y es el “principio de caridad”. Es muy tentador construir una versión débil del argumento de alguien y luego atacarlo. Pero, en lugar hacer “hombres de paja” de nuestros oponentes, deberíamos intentar convertirlos en “hombres de acero”. Deberíamos reforzar sus argumentos cuando está mal verbalizados o mal construidos. Deberíamos ayudarlos a construir el mejor argumento posible y luego criticar esa versión. Eso es ser caritativo. No se trata de ganar una competencia, sino de que ambos intentemos encontrar la verdad juntos.

Y esto sólo es posible si regularmente entablamos un diálogo con el otro lado. He hablado con curanderos alternativos y continuaré haciéndolo, a pesar de que la evidencia científica refuta sus afirmaciones. Quiero representarlos con precisión. Cuanto más tiempo pasamos alejados de las personas con las que no estamos de acuerdo, más se convertirán en caricaturas en nuestras mentes. Y en algún punto, simplemente se deshumanizarán.

Debemos esforzarnos por ser matizados en nuestros argumentos y evitar ser demasiado vehementes en despreciar otras posiciones. La realidad suele ser mucho más complicada de lo que se imaginaba inicialmente. Dicho esto, hay casos en que los escépticos pueden descartar ciertos argumentos sin más, porque los han escuchado muchas veces antes y estos han sido refutados por completo.

Y, aunque se puede criticar el tono de nuestros oponentes, debemos centrarnos en el núcleo de sus argumentos. Una buena refutación es sobre un argumento, no sobre la rabia en la voz del otro.

Ser un buen escéptico es un estilo de vida. No puedes “hacer dieta” para el pensamiento crítico. Es una aspiración hacia la cual te mueves todos los días de maneras grandes y pequeñas. Y es extremadamente difícil.

Pero es la mejor manera de llegar de manera confiable a conclusiones precisas.

Si te identificas como escéptico, ¿es así como te has estado comportando últimamente?

La autorreflexión es la forma en que podemos corregir nuestro curso. Mientras tanto, me haré recordar a mí mismo estos principios regularmente para poder seguir separando la ciencia de la pseudociencia, tanto para mí como para quien esté mirando.

Fracasaré y caeré. Pero confío en que, antes de reincorporarme, me acordaré de los principios que estaba usando para escalar más alto y así entender por qué resbalé. Y si no lo recuerdo, espero que alguno de ustedes me muestre camino.

Video en YouTube: https://youtu.be/VtGx6LPczrk
Blog The Body of Evidence: http://www.bodyofevidence.ca
Entrada en el blog: http://bit.ly/2E9Htv3

  • Roberto Aguirre Maturana

    Uno de los problemas de nuestra comunidad es que muchas personas confunden ser escéptico con ser cientificista o negacionista. Y el otro problema es que los escépticos se están apartando de las raíces humanistas seculares de nuestro movimiento, y en lugar de eso este movimiento ha sido infiltrado por el anarcocapitalismo y otras corrientes autodeniminadas “políticamente incorrectas” que en la práctica son más afines y favorables al tipo de sociedad a la que aspiran los conservadores religiosos.