El alma metafísica de la oposición al aborto

por | 29 mayo, 2017

Litografía de Wilhelm His (1885).

A meses de una nueva elección presidencial en Chile, los precandidatos en la palestra están obligados a -o bien, buscan voluntariamente- pronunciarse acerca de temas sensibles a la sociedad. El tema del aborto tiene especial significado porque permite, con gran economía de argumentos, hacer guiños a sectores específicos del electorado. En las últimas semanas tres precandidatos de la derecha política han encontrado ocasiones para manifestar su rechazo a la idea de legislar sobre la materia reflotando viejos argumentos que han probado su efectividad una y otra vez. Entre ellos, uno de los más utilizados en oposición al aborto es la idea de la equivalencia (moral, emocional y legal) entre un óvulo recien fecundado y un bebé recién nacido dada la continuidad del proceso de gestación. En esta columna, publicada originalmente en abril de 2016 por “El Soberano”, repasamos la lógica y el trasfondo religioso de este argumento.

 

La discusión pública en Chile sobre la legalización del aborto en tres causales muestra, una vez más, las dificultades que presenta argumentar sobre temas complejos, altamente sensibles y emocionales. Los discursos esgrimidos en la discusión del proyecto de ley actualmente en trámite contribuyen a enturbiar más las aguas al utilizar argumentos que poco y nada tienen que ver con el tema del desacuerdo (“el fin de la Teletón”, entre otras joyas). El maniqueísmo con que se enfrentan por lo general las propuestas, prácticamente obliga al ciudadano a adoptar una postura de “todo o nada”, sin posibilidades de disentir parcialmente o de evaluar los méritos de los argumentos individuales de la postura contraria. Las etiquetas “pro-vida” y “por los derechos de la mujer”, que evidentemente no tienen una contraparte “pro-muerte” o “contra los derechos de la mujer”, hacen énfasis en aspectos diferentes de la discusión que no logran dialogar.

Sin embargo, es posible disectar el problema en sus componentes más esenciales para analizarlos por separado. Partamos por establecer lo más evidente: los partidarios de uno y otro campo son personas que actúan de acuerdo a convicciones morales y no monstruos sanguinarios ajenos a toda brújula ética. Para unos se trata de proteger a un ser humano en potencia y, para otros, de ponderar adecuadamente el sufrimiento y riesgo vital de la mujer que lo porta. Ni los unos son asesinos de infantes ni los otros opresores dictatoriales.

El punto fundamental de desacuerdo entre ambas posturas se reduce, en la práctica, a establecer en qué momento se puede comenzar a considerar al embrión en desarrollo como una persona, un ser humano sujeto de pleno derecho. Lo demás son ramificaciones distractoras.

Nadie considera moralmente aceptable quitar la vida de un bebé a punto de nacer. Ambas posturas consideran que el recién nacido es tan plenamente persona como el día antes del parto. O dos días antes… o tres. La extrapolación de este razonamiento constituye el núcleo del argumento de quienes se oponen al aborto: si el bebé es una persona el día n, entonces es tan persona el día n-1 y, por inducción, entonces debe serlo también desde el día 1.

Esta argumentación se conoce en lógica como la paradoja sorites (atribuida a Eubulides de Mileto), que se usa para demostrar el absurdo de que un grano de arena constituye un montón de arena. Un montón formado por millones de granos de arena seguirá siendo un montón aunque se saque uno, dos, tres granos y, así sucesivamente, hasta llegar a tener uno solo. Esta y otras paradojas similares se basan en que entre las dos categorías extremas no existe una frontera clara y única, sino un difuso continuo. Pero el hecho que no podamos decir con precisión cuál es el número exacto de granos de arena sobre el cual lo consideramos un montón, no quiere decir que no exista diferencia entre un montón de granos y algunos granos. Categorías generales, sin fronteras precisas, son utilizadas todos los días sin que nos detengamos a aplicar inferencias inmovilizadoras. No sabemos cuál es la edad en la que dejamos de ser jóvenes para convertirnos en viejos, ni el número de centímetros que separa a altos de bajos, ni el peso exacto entre lo liviano y lo pesado, pero aun así utilizamos con sentido estos adjetivos. La práctica legal está obligada a trazar fronteras, hasta cierto punto arbitrarias, entre fenómenos continuos, sin que la arbitrariedad de este límite sea obstáculo para admitir que existen categorías diferentes. Un ejemplo de esto es el establecimiento de la mayoría de edad a los 18 años, que puede ser fácilmente presentada en forma de paradoja sorites: si al momento de cumplir 18 años una persona tiene madurez física e intelectual, entonces la tenía también el día anterior. Propagando este razonamiento se llegaría a la conclusión absurda de que una persona es madura al momento de nacer.

Del mismo modo, la discordia sobre el tema del aborto se puede plantear como una paradoja sorites. Su solución se reduciría, entonces, a establecer una frontera, aunque sea difusa, entre un conjunto de células y una persona. Los esfuerzos más serios de establecer este límite se han hecho haciendo uso del conocimiento del proceso de gestación, por ejemplo, considerando el momento en que se establece un sistema nervioso central en funcionamiento. Una postura informada por el conocimiento científico da origen a los límites comúnmente propuestos en las legislaciones de países que permiten el aborto dentro del primer trimestre de embarazo.

El callejón sin salida a la discusión, sin embargo, se produce cuando ciertos grupos afirman que esa frontera no existe, que no hay diferencia esencial entre un óvulo fecundado y un feto con nueve meses de gestación. Resuelven la paradoja sorites decretando que un grano de arena constituye, en efecto, un montón. Por ejemplo, en su instrucción Donum Vitae, la Congregación para la Doctrina de la Fe establece que “(…) el fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción (…)”. La misma congregación nos da un perfecto ejemplo de razonamiento sorites en su declaración sobre el aborto: “Desde el momento de la fecundación del óvulo, queda inaugurada una vida que no es ni la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. No llegará a ser nunca humano si no lo es ya entonces”.

Estrechamente ligado a estas declaraciones está el concepto de “animación” o infusión de un alma en el embrión. Dice el Vaticano del alma: “creada inmediatamente por Dios, su alma es espiritual y, por ende, inmortal. Está abierto a Dios y solamente en él encontrará su realización completa”. Si bien en una nota al pie evita pronunciarse acerca del momento preciso en que ocurriría esta animación, especifica que “para unos, esto sucedería en el primer instante; para otros, podría ser anterior a la anidación” (op. cit.; nota 19). Se apura, además, en afirmar que “no corresponde a la ciencia dilucidarlas, pues la existencia de un alma inmortal no entra dentro de su campo”, como una forma de evitar que tales verdades reveladas sean cuestionadas por la impertinente realidad.

El problema fundamental de esta postura es que el argumento es enteramente teológico y, como tal, de incumbencia exclusiva de quienes profesan la religión que así lo afirma, bien pudiendo haber otras que lo consideren distinto, o personas que simplemente no profesan tales creencias en lo absoluto. El concepto mismo de alma es imposible de establecer de manera objetiva, pues básicamente se limita a la creencia en su misma existencia. Dado que cualquier afirmación acerca del alma o su naturaleza es intrínsecamente indemostrable, igualmente se puede argüir por una aparición tardía de ella en el feto sin que se pueda apelar a la realidad para arbitrar entre ambas afirmaciones. Dicho de otra forma, es imposible distinguir entre un óvulo recién fecundado con un alma de uno sin ella.

Por si fuera poco, dada su vaguedad ontológica, el argumento del alma resulta invariablemente misterioso incluso en términos teológicos, toda vez que la naturaleza se nos demuestra más compleja de lo que una burda evocación sobrenatural prevé. La teología se ve en aprietos para explicar qué sucede con la aritmética de almas en diversos fenómenos de la reproducción, tales como el quimerismo, los gemelos monocigóticos, dicigóticos y semi-idénticos, los siameses, los fetus in fetus, los numerosos cigotos que no se implantan, los abortos espontáneos, la fertilización polispérmica y el embarazo molar.

Esto complica innecesaria e indebidamente el debate en materia de regulación pública, pues regular en base a una definición metafísica inverificable y no universalmente compartida es, en esencia, un abuso de posición de poder. Significa que un grupo pretende imponer a la sociedad entera la visión propia respecto del momento en que se comienza a tener “alma”, sin que quienes discrepan de tal definición metafísica puedan apelar a criterios objetivos, anclados en la realidad, para dirimir el desacuerdo. Este es un argumento ininteligible para quien no comparta el credo que respalda la política y, por tanto, ajeno a la razón y a la empatía intelectual que es requerida para regular en base a un consenso democrático. Al privilegiar las convicciones religiosas y metafísicas de un grupo particular, el Estado chileno, que es laico en el papel, hace notable abandono de su deber de neutralidad para con la totalidad de las creencias religiosas de la sociedad.

La labor legislativa es aquella de representar a la ciudadanía en la definición de sus derechos. El que los legisladores recurran a sus credos religiosos personales al momento de argumentar sus posturas, termina siendo una forma prevaricante de clientelismo religioso que atenta contra la libertad de culto y conciencia de los ciudadanos. Peor aún, no titubean en desestimar institucionalmente el sufrimiento inducido tanto a aquella mujer obligada a gestar y parir a todo evento, como a su entorno. Esta “negación del dolor del otro”, incluso a pesar de no salvar vida alguna en el caso de un embarazo inviable, desestima la búsqueda del bienestar común y banaliza el sufrimiento en nombre de prejuicios personales. La defensa a rajatabla de cuestionables conceptos metafísicos por la vía de la imposición mediante el poder es un pobre sustituto cuando los argumentos racionales no alcanzan para generar una genuina convicción.

  • Ma Go

    El autor es tan creyente como los mismos religiosos que critica. En efecto, no está de acuerdo en decir que un ser humano existe desde el momento de la concepción, porque es una creencia religiosa o porque no se puede verificar. Pero, creer lo contrario es también otra creencia, tan dogmática como la anterior. Sino, debería poder comprobar, el momento exacto en que un feto se convierte en un humano con derechos.

    • Los derechos son convenciones humanas, no existen derechos “intrínsecos” impuestos por la naturaleza o por nadie, por lo que la respuesta es trivial: las personas legalmente son personas con plenos derechos cuando nacen. Así lo establecen las leyes vigentes ¿Podría convenirse algo diferente? Seguro, pero habría que justificarlo con razones de peso.

      Eso es algo tan obvio, que hasta los religiosos deberían reconocerlo. En la propia Biblia, en el AT legalista, hay ley tras ley tras ley respecto de que no se puede matar a otra persona, y de hacerlo, las penas que aplican, etc. etc., al punto de condenar a muerte al asesino u homicida (c.f. Éxodo 21:12). Pero, ¿ y si se mata a un feto o un nonato? Aplica solo una multa (Éxodo 21:22-25, apenas unos versículos más abajo del anterior). ¿Por qué? Porque un feto incluso en esa época no era considerado igual a una persona, para el AT matar a una persona no es lo mismo que matar a un nonato…

      ¿Cuándo entonces un feto se torna en un sujeto de derechos? No hay un momento exacto escrito en piedra, es algo que nosotros, como seres humanos, tenemos que definir o acordar.

      Saludos.

      • Ma Go

        De acuerdo, es un asunto de convenciones o acuerdos sobre la base de creencias, por eso digo que el autor, es tan creyente como el religioso, dado que no existe un momento “objetivo” en que el feto se torna un sujeto de derechos, por lo tanto, no hay argumento válido para decir que ese momento no podría ser el momento de la concepción.

        • Para justificar una postura se necesitan un argumento válido a favor de ella, no apoyarse en la ausencia de “argumentos en contra”, pues eso es la base de la falacia del argumento de ignorancia: “No se sabe que no sea X, por lo tanto X”.

          Según su razonamiento, podría afirmar:

          – No hay un argumento válido para decir que el momento otorgar derechos de persona no podría ser _______, [por lo tanto] el momento [¿correcto?] de darlos es ________”

          Puede rellenar esos espacios con:

          – “el momento de la concepción”

          Léalo en voz alta ¿convicente, verdad?

          Ahora, vuelva a leerlo con estas otras opciones:

          – “una semana después de la concepción”
          – “doce semanas después de la concepción”
          – “a las 40 semanas de embarazo”
          – “el momento del nacimiento”
          – “cuando cumple 7 años”
          – “cuando cumple la mayoría de edad”
          – “cuando haga su primer sacrificio a Moloc”
          – etc.

          Y resulta que ese argumento “funciona” con… cualquier momento, por lo tanto, un argumento que es capaz de ‘demostrar’ que cualquier momento es EL momento correcto implica que tal argumento no demuestra NADA.

          Necesita algo de mucho más peso que un razonamiento falaz para plantear su postura.

          • Ma Go

            raro tu argumento, porque funciona exactamente al revés y viceversa….. que es exactamente lo que he dicho desde un comienzo. Es cosa de usar un poco de lógica. Ninguna de las posturas se puede decir que es la falsa.
            Otra cosa, para que entiendas mejor, yo no digo que deba ser al momento de la concepción, solo digo que, cualquiera sea el tiempo que fuese, sería sobre la base de una creencia, ya sea religiosa, como cualquier otra. por lo tanto, sostener que un se no deba proteger la vida, embrión, montón de células, o o que sea, al momento de la concepción, es una CREENCIA, carente de argumentos objetivos.

          • ¿quién ha dicho que no existe vida en el momento de la concepción? Eso es un hombre de paja. Otra falacia…

            Que un óvulo fecundado este vivo no significa mágicamente que es un sujeto de derechos. Quien diga que un óvulo fecundado es automáticamente sujeto de derechos tiene que fundamentar con argumentos sólidos tal postura.

            Y, para su información, TODOS tenemos creencia. Todos creemos que ciertas cosas son ciertas. Yo creo que estoy en el planeta tierra, que estoy vivo y que estoy escribiendo frente a la pantalla del computador, y que estoy conversando con una persona razonable, pero podría estar equivocado en cualquiera o todas esas cosas. El punto es _cuales_ son las razones por las cuales creemos algo. Y uno puede creer algo por buenas razones o por malas razones.

            Uno puede creer cosas por argumentos objetivos y evidencia sólida, o bien puede creer por fe religiosa en cosas jamás comprobadas. Cada uno elije. Pero decir que algo es errado porque “es una creencia”, sin atender a las razones detrás de la postura, es hacer oídos sordos a los argumentos objetivos que pueden estar detrás de la creencia.

            Si quiere conversar acá, va a necesitar algo mejor que “ESO ES UNA CREENCIA, LALALALALALALAL…”.

          • Ma Go

            Estimado, ya que, como he podido constatar, usted tiene el problema de no interpretar lo que está escrito, sino que interpreta lo que quiere interpretar – como el ejemplo del kw en el otro post-, voy a ser lo más didactico posible, de modo que no caiga en errores de apreciación. Así que análisarè uno por uno sus argumentos que presentó anteriormente.

            ¿quién ha dicho que no existe vida en el momento de la concepción? Eso es un hombre de paja. Otra falacia…
            Resp.: Acá, está diciendo que yo he acusado a alguien que no creer que exista vida al momento de la concepción… si lee bien, yo nunca lo he hecho, más aun, cuando usé esa frase inmediatemente a continuación puse entre parentesis (o vida humana con derechos).

            Que un óvulo fecundado este vivo no significa mágicamente que es un sujeto de derechos. Quien diga que un óvulo fecundado es automáticamente sujeto de derechos tiene que fundamentar con argumentos sólidos tal postura.
            Resp. De acuerdo, es lo que siempre he dicho, agregándole además, que tampoco implica necesaria que, al no ser magicamente sujeto de derechos, que es un sujeto sin derechos, y que el Estado no deba protegar su vida. En otras palabras, el argumento es válido, o no se puede comprobar falso en ambas posturas.

            Y, para su información, TODOS tenemos creencia. Todos creemos que ciertas cosas son ciertas. Yo creo que estoy en el planeta tierra, que estoy vivo y que estoy escribiendo frente a la pantalla del computador, y que estoy conversando con una persona razonable, pero podría estar equivocado en cualquiera o todas esas cosas. El punto es _cuales_ son las razones por las cuales creemos algo. Y uno puede creer algo por buenas razones o por malas razones.
            Resp.: que todos tenemos creencias es obvio, es una trivialidad. El salto al vacío, el acto de fe, está en creer que mi creencia, es superior a la otra, porque la mia usa “buenas” razones y las tuyas “malas” razones. Que es precisamente mi crítica al análisis del autor, el que, como acto de fe, argumenta que las razones de creencia religiosa no deberian considerarse, debido a que, según él, son malas, aun cuando, no las puede comprobar como falsas.

            Uno puede creer cosas por argumentos objetivos y evidencia sólida, o bien puede creer por fe religiosa en cosas jamás comprobadas. Cada uno elije. Pero decir que algo es errado porque “es una creencia”, sin atender a las razones detrás de la postura, es hacer oídos sordos a los argumentos objetivos que pueden estar detrás de la creencia.
            Resp.: nuevamente es una trivialidad, es obvio que uno elije en qué creer, sino cómo. Nunca he dicho que algo es errado porque es una creencia – nuevamente su problema de interpretar lo que quiere y no lo que está escrito-, sino todo lo contrario, quien asume que algo es errado porque es una creencia, el el autor, aun cuando, no pueda probar que la creencia religiosa sea falsa, lo que se detalla en su penúntimo párrafo. .

            Si quiere conversar acá, va a necesitar algo mejor que “ESO ES UNA CREENCIA, LALALALALALALAL…”.
            Resp.: sin comentarios

          • “quien asume que algo es errado porque es una creencia, el el autor, aun cuando, no pueda probar que la creencia religiosa sea falsa, lo que se detalla en su penúntimo párrafo””

            No es responsabilidad de quien cuestiona demostrar que algo es FALSO, es responsabilidad de quien AFIRMA demostrar que lo que afirma es VERDADERO. Ese es su error: asumir que es responsabilidad de quien cuestiona tener que demostrar que alguna postura contraria es “falsa” (falacia de inversión de carga de prueba), y peor, asumir que porque no puede probar que es falsa, eso da algún pie para asumir que es o podría ser verdadera (falacia del argumento de ignorancia).

            “En otras palabras, el argumento es válido, o no se puede comprobar falso en ambas posturas”

            Acá demuestra que ha escuchado de lógica, pero no la entiende.

            Qué un argumento sea válido solo habla que si las premisas fueran (hipotéticamente) verdaderas, su conclusión tiene que ser necesariamente verdadera. Si un argumento falla la validez, es inservible, pues aún si comprobamos cada premisa como absolutamente cierta, aún eso no nos garantiza que la conclusión lo sea.

            Por ello, que un argumento sea válido no tiene NADA QUE VER con que “no se pueda comprobar falso en ambas posturas”.

            Para tomar su postura en serio, no basta que la conclusión “[…] por lo tanto un ser humano es sujeto de derecho desde el momento de la concepción” se base solo en un argumento válido, sino que además sea un argumento SÓLIDO, es decir, que además de ser un argumento demostradamente válido, sus premisas además SON DEMOSTRADAMENTE verdaderas. Por supuesto Ud. no ha estado ni cerca de eso tampoco.

            Y por último, cualquier premisa del tipo “nadie a demostrado que «X» NO ES el caso, por lo tanto […]” es automáticamente inválida para demostrar que X sí es el caso, pues no demostrar que algo que no es (argumento de ignorancia) no es equivalente a desmostrar que lo es, así que su afirmación que ese tipo de argumento es “válido” de palmo es errado.

            Le doy unos ejemplos:

            – Nadie ha demostrado que «Ud. no es un extraterrestre», por lo tanto «Ud. es (o podría ser) un extraterrestre»”.

            – Nadie ha demostrado que «Ud. no es un mutante», por lo tanto «Ud. es (o podría ser) un mutante»”.

            – Nadie ha demostrado que «Ud. no es un idiota», por lo tanto «Ud. es (o podría ser) un idiota»”.

            – Nadie ha demostrado que «un ovulo recién fecundado NO es sujeto de derechos», por lo tanto «un óvulo recién fecundado es (o podría ser) sujeto de derechos».

            ¿Q.E.D? PFffff, no. Cualquier argumento basado en el razonamiento “Nadie ha demostrado «no-X», por lo tanto, «X»” es la falacia del argumento de ignorancia, y es tanto una falacia lógica como un argumento inválido.

          • Ma Go

            Daniel, ya me parece un poco sorprendente tu falta de compresión. Todo lo anterior que citaste, es lo que yo he señalado desde un comienzo. Yo no valido ninguna de las 2 postura sino que está dentro de la “duda”, y si, como sociedad se estima es una es la que debe ser utilizada, esa decisión estará dentro del ámbito de las creencias.

            Respecto a lo siguiente: No es responsabilidad de quien cuestiona demostrar que algo es FALSO, es responsabilidad de quien AFIRMA demostrar que lo que afirma es VERDADERO. La frase anterior es bien llamativa – como errónea-, dado que todo el progreso del conocimiento humano se basa en demostrar que el algo es falso, no que es verdadero (verdad absoluta). ej. se demostró que la tierra no era plana, que el sol no giraba alrededor de la tierra y que el tiempo no es una constante. Por otra parte, las teorias científicas se utilizan dado que no se han comprobado como falsas, ej. la teoria de la evolución, teoria de la relatividad, etc.. Por lo tanto, quien cuestiona algo, debe necesariamente demostrar que es falso, sino es re fácil el asunto.

          • “si, como sociedad se estima es una es la que debe ser utilizada, esa decisión estará dentro del ámbito de las creencias”

            Solo que, por más que sea una creencia, puede estar basada en buenas razones, así que que sea una “creencia” es irrelevante, lo importante son que las razones detrás de tal creencia sean racionales y sustentadas por la mejor evidencia.

            Y claramente acabas de dar otra demostración de que no entiendes de ciencias.

            Lo que la ciencia propone no es “verdad absoluta”, sino modelos científicos que describen la realidad, y se usan hasta que se encuentra que son definitivamente errados (vía nuevas y mejores observaciones que así lo demuestran), necesitándose un modelo mejor y más cercano a la realidad que dé cuenta de todo lo anteriormente conocido y lo nuevo observado.

            En ese contexto, en su momento se consideraba que la tierra era plana o estática en el universo pues nuestra experiencia cotidiana así lo parecía indicar, por lo que quienes pensaban eso en la antiguedad estaban totalmente avalados por la evidencia disponible hasta ese momento. Dichos modelos sin duda debían ser cuestionados, pero se aceptaban no porque “no se habían demostrado falsos”, sino porque eran consistentes con lo que se observaba alrededor, aún cuando la conclusión no fuera (ni nunca pueda ser) una verdad absoluta, sino un modelo (cientíticamente) tentativo y revisable/mejorable.

            Solo cuando se descubrió nueva evidencia que tales modelos de tierra plana o geocentricos predecían como imposible (tal como circunnavegar la tierra por Magallanes o decubrir el paralaje estelar), no es que se abrazaron dichos modelos porque “no se habían demostrado falsos”, sino que se ABANDONARON porque fueron demostrados falsos, en cambio se ADOPTARON nuevos modelos (tierra esférica, heliocentrismo) no porque no hayan sido demostrados falsos, sino porque la NUEVA EVIDENCIA disponible (circunnavegación, diferencias de uso horario, paralaje, etc.) es consistente con el modelo, y además los intentos por refutarlo (buscar una predicción del modelo actual que demostradamente no se cumpla en la realidad) han fallado.

            En pocas palabras, las teorías científicas no se aceptan _solo_ porque se intentó demostrar falsa y no se pudo, sino porque además las observaciones, experimientos y predicciones de la teoría se verifican en la realidad.

            La tierra se considera una esfera no solo porque no se pueda demostrar que “no es esférica” (en realidad, un geóide de revolución), sino que además porque todas las observaciones que tenemos (incluyendo hoy la información satelital) es compatible y consistente con ese modelo.

            Un modelo que no se puede demostrar falso, pero que no tiene evidencia a favor que demuestre que la realidad es consistente con el modelo y sus predicciones se considera “infalsable”, y por lo tanto NO ES científico, y no hay razones para tomar lo en serio. Es por ello que quienes proponen un nuevo modelo (o que algo es verdad) tienen que (de)mostrar que lo que proponen ES así, no es tarea del resto demostrar que “no lo es”, o aceptarlo como cierto sin evidencia porque “no se ha demostrado falso” (falacia del argumento de ignorancia”).

            Todo lo anterior apunta a que Ud. no entiende conceptos como el Onus Probandi, o siquiera como funciona la ciencia realmente. Le sugiero sinceramente que busque en la red y estudie seriamente epistemología o la filosofía de la ciencia, antes de involucrarse en estos temas.

            Y no dudo que probablemente tampoco entienda muy bien todo esto que le dije, y retrucará con quien sabe qué, que no lo entiendo, etc. Solo para que sepa, me he tomado el trabajo de responderle porque, dado que este es un foro público, es objectivo de la AECH que haya buena información publicada en los posts, y que en los comentarios la gente que los lea pueda salir con una mejor comprensión de lo discutido y, mejor aún, aprenda algo, aún si es que la contraparte directa en la conversación es incapaz de ello.

            Saludos

          • Ma Go

            Pucha amigo, lo siento, la idea no es picarse.
            Por ultimo, me llamó la atención su siguiente razonamiento:

            En pocas palabras, las teorías científicas no se aceptan _solo_ porque se intentó demostrar falsa y no se pudo, sino porque además las observaciones, experimientos y predicciones de la teoría se verifican en la realidad.

            Lo anterior, es lo que se llama “pensamiento circular”. O sea, validar un argumento usando el mismo argumento pero con otras palabra: …que las observaciones, experimientos y predicciones de la teoría se verifican en la realidad, implica que, se intentó demostrar falsa y no se pudo…. es lo mismo.

          • “Lamento si algo que pude haber dicho fue inapropiado, y agradezo también que hayas respondido.”

            No hay problema. Mientras sea una conversación civilizada, sin importar cuando uno difiera, en nuestros foros no hay problema alguno. Lo que más interesa en los foros de la AECH no es borregos asintiendo o creyendo “porque alguien lo dice”, sino cuestionar y debartir las ideas para poder sacar lo mejor de ellas. Como referencia, esta es nuestra política de comentarios.

            “…que las observaciones, experimientos y predicciones de la teoría se verifican en la realidad, implica que, se intentó demostrar falsa y no se pudo…. es lo mismo.”

            Parece lo mismo, pero no lo es.

            Una buena teoría científica se distingue porque ofrece un modelo de la realidad que no solo explica lo que vemos (o ya sabemos), sino que permite hacer predicciones de lo debemos esperar ver (o incluso ya hemos visto) pero, igual o más importante, también debe ofrecer predicciones acerca de lo que no deberíamos ver. Ambas cosas, si es una teoría científica, deberían ponerse a prueba en forma “independiente”.

            Por ejemplo, tomemos la teoría de la relatividad. Ella plantea que el espacio tiempo es una sola entidad, donde los objetos masivos curvan el espacio, y es esa curvatura la que nosotros percibimos como “gravedad”. Y una de sus predicciones es que todo, incluyendo la luz, que viaja en línea recta, se ve afectada por tal curvatura. Entonces, si la teoría es _correcta_ (modela bien la realidad), es posible calcular y predecir, conocida la masa de un astro, que tanto debería curvar un rayo de luz que pase muy cerca de él.

            Esa predicción “positiva” (acerca de lo que _deberíamos_ ver) fue la que aprovechó el astrónomo inglés Arthur Eddington, para realizar un experimento que verificara esa predicción en el eclipse solar de 1919. Obviamente, si se hubiera visto que no había tal desviación de la luz como la teoría predecía, hubiera sido desechada pues la realidad no se comportaría de tal forma. Es decir, la falla de ese experimento serviría para descartarla.

            Pero, si se asume que la teoría es correcta, se puede concluir cosas que no deberíamos ver. Por ejemplo, en la medida que una estrella es más y más masiva, más y más curva el espacio, incluyendo la luz. La teoría de la relatividad entonces predijo que debería haber un punto donde la masa, si llega a un punto crítico, sería tan grande que el espacio se curvaría tanto que ni siquiera la luz debería escapar. Dicha predicción es la base de la “existencia” de los agujeros negros.

            Entonces, si la teoría es correcta, tenemos un experimento que podría demostrarla falsa: encontrar una estrella más masiva que el límite que impone la teoría de la relatividad para que se forme un agujero negro, pero que este no se forme, y la estrella siga brillando completamente visible a pesar de la teoría de la relatividad predice que tal cosa es imposible.

            Luego, uno puede diseñar experimentos para buscar las estrellas más masivas que se puedan ver, y comprobar, una a una, si alguna de ellas, visible, sobrepasa el limite de masa predicho como “imposible” por la teoría. Bastaría UNA de ellas, que comprobada, viole esa predicción, para saber que la teoría es entonces incorrecta, pues hay cosas en la realidad que pasan a pesar

          • Hola Ma Go,

            La verdad, la respuesta anterior la respondí apurado intentando irme a casa, y no me resulta del todo clara o satisfactoria ni a mí 🙂

            Pero me hiciste pensar harto en el tema (¡gracias!), y se me ocurrió una interesante analogía para explicarlo. Pero no tiene mucha gracia explicarlo aquí tanto por extensión como por visiblidad.

            Voy a preparar en el mediano plazo un artículo para el blog, que debería publicarse en este mismo sitio, y cuando se publique, eres bienvenido a comentar.

            Saludos.

  • Carlos Castañeda

    Una pregunta, si pueden responder, ¿es la ciencia una disciplina atea?.

    Es lo que alguien religioso me dijo con respecto al aborto, que no podía tomarla en cuenta para este tipo de decisiones.

    • luchostein

      La ciencia es materialista. Dios, entidad sobrenatural, no cabe como objeto de estudio. No obstante, no se le rechaza a priori “por principio”, sino que se descarta a posteriori “porque no se manifiesta” en la naturaleza. No se plantea como atea, pero lo termina siendo y no es su culpa.

      Lo contrario, a propósito de la separación de magisterios que refieres en tu otro comentario, es el quid del asunto: ¿se manifiesta Dios en la naturaleza? Si lo hiciera, la ciencia, en principio, podría observarlo durante su estudio de ella. Si no se ha observado, ¿en base a qué se afirma que se manifiesta? De momento, no ha aparecido. Si apareciera, ¿cómo se distinguiría de una mera anomalía en la teoría? El punto es que, incluso en las incertezas científicas y con las evidencias que refutan las teorías, la observación anómala, en el mejor caso, sirve para entrar a revisar los modelos teóricos, pero es metodológicamente insuficiente para pretender demostrar la existencia de un ser sobrenatural en base a lo observado en la naturaleza.

      Para peor, cuando prevén intervenciones divinas o efectos milagrosos, las observaciones contradicen las pretendidas intervenciones, sumando argumento al ateísmo. Ahí la religión viola la separación de magisterios y sale perdiendo.

      • Carlos Castañeda

        La impresión que tengo es que la ciencia es escéptica, acepta algo por evidencia, analizándola antes cuidadosamente, si con el tiempo aparece evidencia mejor que contradice lo anterior se estudian las nuevas pruebas y si son válidas cambia de opinión. Obviamente hablo del consenso científico.

        La ciencia es incrédula con respecto a las afirmaciones basadas en el testimonio o la tradición. De ahí que las descarte en términos efectivos. Aunque algunas de esas afirmaciones sean verdad si no se pueden comprobar o refutar son irrelevantes. Es por ello que pienso que la ciencia es escéptica.

        No veo justificación en afirmar que la ciencia es finalmente atea , es como decir que la ciencia es finalmente amiticista, así abarcamos ángeles y demonios, por ejemplo. El escepticismo no sólo es un método, también es una posición frente a la irracionalidad. No veo la necesidad de darle un nombre a una increencia.

        De hecho vi un video donde Cristian Sánchez Ortiz dijo que no es ateo, sino escéptico con respecto a Dios.

        Si estoy equivocado, espero ser capaz de darme cuenta.

        Lo dejo hasta aquí.

        Saludos.

        • AxelStone

          ¿Que sucedería si la ciencia descubre que debe de existir un dios?.

          Después tendríamos que ponernos de acuerdo en si este Dios escribió un libro y cual de todos. Y el otro problema es, ¿Porque debiéramos de obedecer lo que este Dios nos dice? ¿Por Miedo?

          • Carlos Castañeda

            Sigo porque intento responder:

            Honestamente no imagino como la ciencia podría llegar a esa conclusión siendo su estudio la naturaleza y este ser sobrenatural.

            Imagina que encuentras en el universo evidencia de complejidad irreductible que no es producto de alguna civilización en el universo, porque es demasiado grande, por ejemplo.

            ¿Cómo sabrías que es evidencia de la existencia de Dios y no simplemente de una entidad superior a las leyes físicas pero que igual tiene limitaciones que desconocemos?. Sometido a leyes del medio en el cual se desenvuelve.

            En caso de que supieramos que existe. ¿Cómo sabríamos si Dios escribió un libro?, no tiene porque tener interés en nosotros, a pesar de lo que digan las religiones.

            El último problema que propones no es tal. Si Dios nos ordena cosas, es evidencia irrefutable, y no obedecemos, no podemos impedir que nos acabe por ello. Si pudiéramos escoger, sería vivir como él dice o morir.

  • Carlos Castañeda

    Hola:

    Personalmente veo aceptable que el límite para el aborto esté antes de que el feto desarrolle su sistema nervioso, antes de que sea capaz de sentir dolor. No sé en que momento es eso.

    Me resulta difícil concebir que no entiendan que una naranja no es un naranjo, por poner un ejemplo.

    Ahora, el tema del alma es irracional ya que lo único comprobable es la idea que forma parte de la cultura religiosa en la que crecimos.

    Lamento que el planteamiento de la separación de magisterios de Stephen Jay Gould sea usada para intentar justificar que la ciencia no debe pronunciarse en las decisiones basadas en preceptos morales religiosos. A mi me han salido con esa en más de una ocasión.

    Saludos.

  • Daniel Andrés Vargas Asencio

    Creo que los argumentos a favor y en contra del aborto ya están más que dichos. Por lo que el artículo, más que novedoso, lo encuentro confuso.
    1. La medicina y la ciencia en general, no definen lo que es o no una persona, si no que aportan datos al discurso.
    2. El concepto de persona es un concepto antropológico, es decir, que corresponde a la filosofía definir quién es y quién no es persona. Desde esta perspectiva y desde el modelo de fundamentación que cada uno posea, será desde donde se defina el concepto.
    3. En concordancia con lo anterior, no es necesario creer en Dios o ser católico, para ser “pro life”( para diferenciarlos de los “pro choice”).
    4. Al parecer la tolerancia o el respeto a la diversidad de ideas, es válido para un cierto sector, para quienes somos minoría en el debate, se nos considera retrógrados y destructores de la libertad.
    5. Si alguno, desde la visión religiosa que posea, si es que posee, considera que el aborto atenta contra los principios básicos que aquella persona cree, no tiene nada de malo en querer anunciar y denunciar aquel mal. Se debe respetar la libertad de conciencia, la libertad religiosa y la libertad de expresión, todos ellos derechos constitucionales.

    • Daniel Sellés

      Estoy de acuerdo con todos los puntos que tu planteas, con una
      importante salvedad. La postura “pro-life”, como la llamas, no se limita
      a la toma de posturas personales frente al tema (legítimas, sujetas a
      libertad de conciencia y expresión, inspiradas por la religión o no),
      sino que pretende imponerlas a la sociedad en su conjunto. Si el
      argumento “pro-life” no se puede remitir a hechos objetivos sino que se
      ancla exclusivamente en la opinión (personal o eclesiástica), entonces
      es ilegítimo imponer esa opinión a quienes difieren. Dices que
      corresponde a la filosofía definir a la persona y a cada idividuo
      adoptar la definición que le parezca mejor, pero corresponde a la ley
      aterrizar las especulaciones y definir un concepto común a toda la
      sociedad. Y es esta legislación la que no puede estar basada en la
      imposición de la opinión de los unos por sobre la de otros sin que
      exista una base objetiva común, es acá donde la ciencia y la medicina
      deben informar. La legislación, tal como está, no pretende “anunciar y
      denunciar un mal”, sino que prohibe y criminaliza la opinión contraria.
      Por el contrario, una legislación “pro-choice” deja intacta la
      posibilidad personal de los “pro-life” de disentir.

      • Ma Go

        Estás en un error, independiente de que si los pro-life tienen razón o no, lo que ellos creen es que se está cometiendo un delito al abortar, tal como sería violar, robar, asesinar, etc. Por lo tanto, se debe imponer al resto de la sociedad, a caso para tí sería válido que un pedofilo argumentara que su posición (abudar de menores) deja intacta la posibilidad del resto de disentir, o sea “si no quiere violar niños, no los viole, yo no le impongo mi forma de vida a usted”,

  • Daniel Osvaldo Del Pino Gajard

    Excelente. Gracias por el articulo.

  • Olga Santis

    muy bueno, felicidades al autor