La amenaza escondida tras los apellidos de las medicinas

por | 16 junio, 2015
“No lo mató el cáncer, lo mató la medicina
alternativa. Retardar una terapia eficaz por una
alternativa puede ser la diferencia entre la
vida y la muerte.” (Misterios al descubierto)
Radio Bio-bío Chile elaboró un artículo sobre la situación de las Terapias Complementarias y No Convencionales en Chile y el mundo, titulada “Medicina complementaria-alternativa: ¿Qué terapias no convencionales están reguladas por el Minsal?” (13/06/2015). Agradecemos la gentileza que tuvieron al solicitar nuestro parecer respecto de ellas, el que publicaron como contrapunto. Aquí compartimos la versión íntegra:

La amenaza escondida tras los apellidos de las medicinas

Es de vital importancia el saber discriminar entre aquellas terapias de salud que funcionan y aquellas que no; objetivo para el que, en sus aproximados dos siglos de historia, la ciencia aplicada a la medicina nos ha brindado importantísimos avances que previenen millones de muertes anuales e invaluables mejoras en nuestra calidad de vida.
En circunstancias naturales, la supervivencia es inmisericordemente ardua. Sin los conocimientos y técnicas modernas, diversas situaciones que hoy damos por obvias y seguras, son un riesgo vital inminente. La sobrevivencia de la madre al parto es cuestión de cara o sello; menos probable todavía es que el infante supere el año de vida. Una modesta herida puede fácilmente resultar en gangrena. Las pestes y los parásitos asolan los poblados. El saciar la sed con agua arriesga peligrosas infecciones gastrointestinales. Una inminente caries significa elegir entre una penosa muerte o una dolorosa y riesgosa extracción. No es de extrañar que la esperanza de vida de nuestra especie ronde un promedio de 40 años en ambiente natural. De no mediar la medicina, tradicionalmente, la mayoría de nosotros ya habríamos muerto.
La población de aquellos países que eligieron basarse en evidencias al definir su sistema de salud, se ha visto beneficiada con vacunas, higiene, agua potable, antibióticos, fármacos y técnicas quirúrgicas que nos han facilitado el legar al olvido los azotes naturales que incluso nuestros abuelos padecieron. Los actuales brotes de sarampión, polio y tos convulsiva causados por la psicosis antivacunas nos obligan a refrescar la memoria y reconocer que podemos empeorar. Lamentablemente, no todas las sociedades han conseguido gozar de tal alivio. Siendo el conocimiento científico un patrimonio cultural de toda la humanidad, no en todas logra primar el derecho humano de acceso a la cultura. Algunas culturas, simplemente, la rechazan. Motivos hay varios, siendo particularmente frecuentes la apelación a la tradición y la creencia acrítica. Recurriendo a ellas se justifica hoy en día, por ejemplo, el dejar morir de hambre a niños presuntamente posesos por demonios o cortarles las manos como amuletos de buena suerte a los albinos. La Naturaleza no entiende de tradiciones, sino que de causalidad. Medicina es aquella que funciona, con evidencia que la soporte; cuando no la hay, sus revendedores la apellidan “alternativa”, como si una taza de café vacía fuese acaso una alternativa a una taza de té llena. No hay tal cosa como “medicina oriental” o “hindú” más que como un mero reconocimiento de su origen, así como no hay “gravedad japonesa”, “termodinámica polinésica” o “electromagnetismo amazónico”. Resulta particularmente grave que los gobiernos, en vez de mejorar la aplicación de la medicina científica, dediquen los escasos recursos públicos de salud para promover la magia, amparándose en la tradición y la creencia acrítica, proveyendo tratamientos inefectivos para dejar convencidos a los pacientes de un estado de salud ficticio o infundado. Afortunadamente, algunos han recapacitado, tales como Inglaterra (Science and Technology Committee – Fourth Report. “Evidence Check 2: Homeopathy”) y Australia («NHMRC draft information paper: Evidence on the effectiveness of homeopathy for treating health conditions», National Health and Medical Research Council).
El justificado rechazo a vivir hoy en un ambiente contaminado en ciudades agobiantes y con un sistema de salud precario, debe motivarnos para el desarrollo sustentable y la atención digna, pero no justifica el romanticismo naturista. Aunque no guste, el lujo que nos estamos dando como sociedad de desestimar las lecciones de nuestra historia natural, en nada impedirá, e incluso facilitará, el que acaezca la consecuencia natural de dar por efectivo aquello que no lo es. Tal error de discernimiento, naturalmente, cuesta la vida.
~ Luis León Cárdenas Graide