Por Alejandro Weinstein
Un domingo en la tarde le pasaron un parte a un amigo mío por no respetar un signo pare. No fue que él ignorara el signo sino que, según el policía, él no se detuvo completamente. Mi amigo no estaba de acuerdo con el policía, así que decidió ir al juzgado para refutar el parte. Ese día el policía se había dedicado a pasar el mismo parte a todos los conductores que, según él, no se detuvieron completamente. Así que el día que mi amigo se presentó ante el juez, junto a él había una decena de otros conductores en la misma situación. Uno tras otro argumentaban frente al juez, de una forma u otra, que ellos sí se habían detenido. Y uno tras otro y sin importar el argumento dado por cada conductor, el juez le preguntaba al policía si había sido entrenado para cursar este tipo de infracción, a lo cual el policía una y otra vez contestaba que sí, tras lo cual el juez decretaba que el inculpado debía pagar la infracción.
Y ahí fue cuando entendí. Para el juez ninguna evidencia presentada por los conductores iba a hacer que cambiara de opinión. En otras palabras, su teoría de que el conductor frente a él no había respetado el signo pare ¡No era falsable! Eso de que para que una teoría fuese "científica" deba ser falsable lo había leído un par de veces, pero no fue hasta que me puse a pensar sobre esta historia que entendí el concepto.
El concepto de "
falsabilidad" (o "refutabilidad") fue introducido por el filósofo
Karl Popper. Según Popper, para que una proposición sea considerada como científica, debe ser posible diseñar un experimento tal que, de observar ciertos resultados, estos implicarían que la proposición es falsa.