
Años atrás, trabajaba para una pésima AFP (Administradora de Fondos de Pensión) intentando convencer al prójimo de cambiar de afiliación. Un día llegó el jefe de mi jefe y me preguntó por qué estaba afiliado a otra AFP. De inmediato me “
solicitó” que me cambiase. Ingenuamente, pregunté la razón, dando entender que mi libertad de elección estaba en juego. El jefe me dijo que debía ser por razones de ética: “
si usted dice que nuestra AFP es la ‘mejor’… ¿no debería al menos usted estar en ella?”

Ese día descubrí que la
identidad que yo tengo está asociada a distintas cosas y que estas cosas no siempre me importan. Yo soy un chileno:
- ateo,
- profesional,

- moreno,
- chuncho,
- santiaguino,
- “hijo de Bello”,
- izquierdoso.
De todas las características que componen mi
identidad, yo he elegido la mayoría. Es cosa de preguntarles a ustedes —como cuando chateamos—: “
¿Qué son ustedes?” (respóndanme en sus mentes). Apuesto que inmediatamente aparecieron sus preferencias para ser identificado. Es cierto… puedo cambiar mi nacionalidad, mi profesión, mi ciudad, etc., pero no siempre son las características que me importan.
Sin embargo, respecto a la religión, tenemos un gran problema, pues existía un antiguo y gran debate en las reuniones de AECH. Dos grandes y tradicionales posturas:
- ¿Debemos, los escépticos bautizados católicos, hacer una apostasía parasalir de la iglesia, con todos los costos que implica, y sincerar nuestra situación?
- Hacer una apostasía "legal", o trámite interno dentro de la iglesia, ¿implica darle importancia o reconocimiento a esa institución, cuando en realidad no nos interesa ni necesitamos hacerlo si es obvio que al declarar nuestro escepticismo o ateísmo, no comulgamos con ella?