Pruebas que son evidencia

por | 1 octubre, 2012

Buscando evidencia: fuente de la imagen.


¿Quién no ha exigido alguna vez que le muestren pruebas para creer en algo o a alguien?

“Creer” es algo que hacemos a diario. Creemos en diferentes cosas, por diferentes razones. Algunas cosas las creemos o aceptamos como ciertas porque hay contundente evidencia de que ese es el caso, tal como la existencia del Sol o de la fuerza de gravedad; en cambio, hay otras afirmaciones que pueden ser no tan evidentes y que requieren de un esfuerzo mayor para ser aceptadas.

Cuando nos enfrentamos a una afirmación simple como “fui al cine” o “tengo un gato”, es posible aceptarla por el simple testimonio de quien lo afirma, pues al fin y al cabo es usual que la gente vaya al cine o tenga mascotas. Quien ante ese tipo de afirmaciones exija taxativamente pruebas podría considerársele antisocial y rudo.

Otras afirmaciones dejan de ser simples y son tan poco usuales que creerlas por el sólo testimonio de quien lo afirma puede ser poco sensato.

Por ejemplo, la afirmación “estuve en Ganímedes” está a un nivel superlativo de diferencia respecto de decir “fui al cine”; no es normal ni habitual ir al espacio, menos visitar otros planetas. Con mucho esfuerzo el hombre logró visitar la Luna en 1969 y, oficialmente, no hemos llegado más allá. ¿Cómo, entonces, una persona afirma haber estado en “Ganímedes”? ¿Qué evidencia tiene esa persona de que tal afirmación es verdad?

Es por eso que el nivel de pruebas y evidencia que se requiere para verificar la validez de una afirmación común y ordinaria no está al mismo nivel que las que se requieren para confirmar la veracidad de una afirmación extraordinaria.

Como Carl Sagan decía:

“Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria”

Pero más allá de lo obvio y de sentido común de la frase de Carl Sagan, cabe preguntarse: ¿Qué es una buena evidencia? Y ¿qué es una evidencia extraordinaria?

Haciendo las cosas evidentes

La palabra “evidencia” está relacionada con la palabra “evidente”: que es obvio simplemente por verlo. Algo se transforma en una evidencia a favor de una afirmación si sirve como prueba de ella, si la existencia de tal evidencia y el examen de sus características hacen evidente la verdad de esa conclusión que pretende apoyar.

Pero definir qué y cuándo algo es evidente, no es trivial.

En muchas discusiones y debates (como suele ocurrir en los comentarios del blog de la AECH), las personas tienen ideas diferentes respecto de qué es una prueba o evidencia y, más aún, qué es una prueba o evidencia convincente. Debido a esto las discusiones pueden extenderse al infinito sin que ninguna de las dos partes pueda convencer a la otra de nada, tornándose en una gran pérdida de tiempo;  incluso cuando una de las partes presenta lo que considera evidencia convincente para su caso, la contraparte en ocasiones no lo considera así, quedando la discusión en cero.

Cuando a una persona racional se le presentan razones y argumentos válidos, y tales razones (premisas) son respaldadas por evidencia convincente, la solidez del tal argumento debiera bastar para convencerlo de la veracidad de la conclusión, aún si es una conclusión que anteriormente la persona rechazaba. Pero ese “ideal” de racionalidad no suele ser nuestra respuesta innata y hay personas que incluso ante evidencia que muchos considerarían “imposible de refutar” o “innegable”, ésta, simplemente, no las convence, o directamente la ignoran o rechazan ciegamente.

Hay que tener en mente que si alguien decide actuar alejado de la racionalidad en algún tema, no hay argumento, evidencia ni razones que puedan convencerlo de lo contrario.

Como proponentes del uso del pensamiento crítico, es importante conocer qué es una evidencia convincente desde el punto de vista racional, y por qué muchos hechos que se esgrimen como evidencia en la práctica no son evidencia, o al menos no una útil y suficiente para ser convincente.

Ver más allá de lo evidente

Al final del día, algo es evidencia cuando sirve de prueba respecto de una afirmación. Es un objeto material, una medición o cualquier otro tipo de indicio o señal que sirve para establecer con certeza y más allá de toda duda la verdad o falsedad de algún hecho o afirmación.

Cualquier dato, objeto u hecho puede ser evidencia. Pensemos en un par de piedras volcánicas. En sí mismas son evidencia de alguna erupción o actividad volcánica, pero pueden no decirnos mucho más. Pero si tales piedras son datadas científicamente (por ejemplo usando radiometría), se puede determinar con gran precisión cuándo ocurrieron esas erupciones, sus características, etc. Y si resulta que ambas piedras pertenecen a diferentes estratos de la misma columna geológica, y entre ambas capas eruptivas existe una tercera que contiene un fósil valioso, resulta que esas mismas dos piedras pueden ser evidencia clave para conocer el rango preciso de tiempo en el que ese fósil vivió y murió. De esta manera, un mismo hecho o un mismo objeto puede ser evidencia de diferentes cosas dependiendo del contexto.

Así, muchos datos, objetos, eventos, documentos pueden usarse como evidencia a favor (o en contra) de algún hecho o afirmación, pero para que sean buena evidencia de algo deben ser convincentes a tal punto que cualquiera que examinara esas pruebas sin prejuicios y desapasionadamente logre determinar que la conclusión que tal evidencia apoya es necesariamente cierta.

Una buena evidencia debería cumplir con varios requisitos:

  • Relevancia: Que haya una conexión real entre la afirmación que se realiza y la evidencia presentada como respaldo, de manera que sea la “mejor hipótesis”, es decir, que las explicaciones alternativas que explican la existencia de tal evidencia sean significativamente menos probables que la afirmación que se pretende probar.
  • Consistencia: Que la evidencia presentada sea consistente con lo ya conocido y no entre en conflicto o contradicción con el conocimiento ya aceptado (o previamente probado cierto) respecto del tema.
  • Verificabilidad: Que la evidencia presentada pueda ser comprobada en forma independiente a quien declara la existencia de las pruebas.

Si alguien presenta algo como prueba o evidencia a favor de una afirmación o conclusión, se espera que esa evidencia cumpla con esas características o, de lo contrario, hay serias razones para poner en duda su valor hasta que esos puntos sean resueltos satisfactoriamente.

Relevancia: ¿Están las pruebas conectadas a la afirmación?

Muchas veces las pruebas presentadas, aún si son reales, no están realmente conectadas a la afirmación, y por lo tanto no son evidencia de ella; si no están conectadas causalmente con el hecho que pretenden probar entonces no hacen “evidente” que la conclusión sea cierta a pesar que la evidencia sea real y cierta.

La evidencia no sólo debe estar conectada con la conclusión que pretende demostrar, sino que debe apuntar a una única conclusión posible, que es la que se postula; si una evidencia puede ser producto de múltiples eventos disímiles, esa evidencia por sí misma no permite discriminar cuál de todos esos eventos diferentes son la causa real de ella y, por lo tanto, no demuestra la ocurrencia de ninguno de ellos en específico y, por lo tanto, se requiere obtener evidencia adicional para poder lograr esa identificación.

Por ejemplo, supongamos que encontramos a una persona muerta. Se le hacen exámenes y se determina que su cuerpo presenta altas concentraciones de cianuro. Sin lugar a dudas, la causa de muerte sería envenenamiento por cianuro, pero ¿fue un homicidio?, ¿fue un accidente?, ¿fue un suicidio? Para determinar cuál de estas conclusiones es la correcta ante el hecho evidente de que “el cadáver tiene cianuro”, no basta con solo afirmar “es un homicidio”.

Siempre hay que considerar que pueden haber varios motivos diferentes que pueden explicar la presencia de una evidencia, por lo que su sola existencia no asegura que la afirmación sea cierta; primero se requiere determinar que las otras explicaciones son menos probables que la afirmación que se quiere probar.

Por ejemplo, si Ud. regresa de vacaciones a su casa después de haberla dejado sola durante semanas y, al llegar, ve que la ventana de al lado de la puerta principal está quebrada ¿Significa que entraron a robar a su casa? La primera reacción sería suponer que sí y, sin duda, puede ser conveniente llamar a la policía. Sin embargo un robo no es la única causa por la cual el vidrio de una ventana puede quebrarse; la causa podría ser una piedra u otro objeto contundente lanzada por niños o vándalos, pero sin robo; podría ser una falla por estrés térmico o fatiga de materiales; incluso podría ser el choque de un ave u otro animal contra la ventana.

Todas las anteriores son explicaciones suficientes para explicar la rotura del vidrio, pero sin ninguna otra prueba adicional que confirme cuál de esas posibilidades es correcta o más probable (o cuál no es), encontrar el vidrio roto es una evidencia que apunta a un posible robo, pero por sí sola y aunque la evidencia de la rotura del vidrio sea innegablemente real, no necesariamente es evidencia concluyente de la conclusión “es un robo”, y se debe buscar y proporcionar pruebas adicionales que demuestren que de entre todas las otras posibilidades que pudiesen causan un vidrio roto, el robo sea la explicación correcta, mientras que, las demás, son lejos menos probables que un robo. Por ejemplo, si al entrar a la casa se encuentran los cajones vaciados en el piso, faltan electrodomésticos, etc., esa evidencia “adicional” confirma que la evidencia “el vidrio está roto” es efectivamente evidencia de un robo y, además, explica cómo los ladrones entraron a esa casa.

Fallar en determinar si hay explicaciones alternativas que expliquen las pruebas presentadas y fallar en verificar o presentar evidencia adicional que demuestre que la conclusión que se defiende es la explicación más probable para la evidencia presentada, son razones por las cuales las pruebas concretas, reales y tangibles pueden no ser convincentes a pesar de que quien presente esa evidencia crea genuinamente en la verdad de la conclusión que defiende.

¿Son las pruebas utilizadas consistentes con el resto de la evidencia disponible?

Si se tiene una evidencia que realmente apunta a cierta conclusión y se tienen razones que confirman (o hacen verosímil) que la explicación propuesta es la razón más probable de la existencia de esa evidencia, lo que se espera es que el resto de las pruebas y evidencias que apuntan a la misma conclusión sean consistentes entre sí y con esta nueva evidencia.

“Consistencia” es la propiedad de que todas y cada una de las evidencias recolectadas sean simultáneamente ciertas, sin que la veracidad y exactitud de una evidencia entre en contradicción o requiera la falsedad de alguna otra evidencia.

Si la evidencia proporcionada es inconsistente con otras evidencias, es decir, contradice lo que otra evidencia muestra, esto significa que una o más de esas evidencias pueden ser simplemente hechos casuales sin verdadera relación con el evento que se quiere probar, y deja abierta la puerta a que la verdadera conclusión sea totalmente diferente a lo propuesto.

Verificabilidad

¿Cuál es el valor de un testimonio? Sin duda alguna que un testigo presencial puede ser una ventana única a un evento que no se puede repetir, y contar con el testimonio es impagable. Pero, ¿y si esa es la única evidencia?

Este es el típico caso de “iluminación espiritual” en cualquiera de sus formas: se recibe una información fabulosa, audible o visible únicamente para una única persona (o un grupo reducido de ellas), e invisible para cualquier otro. Así, el único testigo de esa entrega es quien recibió la información; no hay evidencia física, ni nada que permita corroborar la información excepto por el testimonio del receptor. Seguro, el receptor jura que la experiencia que relata es totalmente fidedigna. ¿Puede tomarse ese testimonio como evidencia convincente?

Acá entra la siguiente clave de una buena evidencia: que se pueda comprobar la evidencia por terceros independientes de quienes la encontraron o son testigos de ella; el solo decir o afirmar que existe o hay evidencia, no es por sí mismo evidencia.

Cuando no es posible verificar la evidencia, no hay cómo saber si quien dice que tal evidencia existe, o quien afirma las propiedades de tal evidencia, realmente dice la verdad o no está equivocado; sin importar cuántos detalles aparentemente precisos entregue, no es posible saber si esa persona tiene razón o siquiera si dice la verdad.

De acuerdo al criterio de “La mejor hipótesis”, una hipótesis es que esa evidencia (testimonial o física) exista y sea tal como se describe, pero por sólo decir que es real no es posible poder determinar si tal persona en realidad…

  • … está confundida en cuanto a qué vio/escuchó/percibió.
  • … esté directamente mintiendo.
  • … sea sincera respecto de lo que vio, pero que tal visión sea el producto de algún desorden mental permanente (ej.: esquizofrenia) o de un episodio esporádico de fenómenos o desórdenes mentales similares.
  • … es mentalmente sana, pero es víctima de algún tipo de alucinación.
  • … describa algo real que es exactamente como esa persona describe.

Sin poder verificar la evidencia, en especial cuando esta es testimonial, no hay cómo discriminar entre esos 5 casos y, por lo tanto, el valor probatorio de esa evidencia es cuestionable y no es convincente.

Por este motivo es vital que cualquier evidencia sea de una naturaleza tal que pueda ser (o haya sido) examinada y verificada por personas competentes en el tema, y que quien lo verifica sea un tercero independiente de quien hace la declaración original  o de quienes la apoyan.

Si únicamente quienes apoyan cierta conclusión son los únicos que han examinado y/o reportan la evidencia, y nadie que no provenga de esa misma línea de pensamiento ha podido examinar la evidencia en forma independiente, entonces no hay cómo saber si la evidencia es real, si sus características no son exageradas, o si se trata de algún tipo de manipulación.

Y esa es una de las cosas importantes que tiene la ciencia como método: la revisión de los pares es uno de los pasos críticos del método científico y, para que un descubrimiento sea aceptado por la comunidad científica, se busca que múltiples grupos independientes de científicos puedan examinar los resultados presentados e, idealmente, repetirlos en forma consistente, de manera de descartar la manipulación o sesgos (conscientes e inconscientes) de los científicos que originalmente hacen el descubrimiento o anuncio.

Soy escéptico, muéstrame tu evidencia

Así dichas las cosas, como escépticos nos suelen llegar mensajes con los más variopintos descubrimientos o creencias. “Vi un fantasma, ¿puedes explicarlo?”; “Me raptaron extraterrestres, ¿qué dice la ciencia?”

La verdad, ante una simple declaración de un evento extraordinario como ese, lo único que se puede decir es que, virtualmente, no hay mucho que decir. Sea cierto o falso, sin más información, no hay cómo saber cuál es el caso.

Por ello, cuando converse con un escéptico y Ud. haga una afirmación extraordinaria, lo más probable es que escuchará una pregunta del tipo “¿Y qué evidencia tiene de eso?”, parafraseada de múltiples maneras. Si tal es el caso, ya sabe:

  • presente evidencia que sea relevante y que haga que su explicación no solo sea la más probable, sino que además muestre que las demás alternativas que pueden explicar esa evidencia no lo son
  • que sea consistente con lo ya conocido (o en su defecto, que se presente fuerte evidencia adicional que justifique esa contradicción a lo ya conocido y aceptado), y
  • que la evidencia presentada haya sido comprobada por terceros confiables, competentes en el tema en cuestión, y que no sea únicamente un testimonio (oral o escrito) de quien(es) lo afirma(n).

Si Ud. logra eso, entonces podrá convencer al mayor de los escépticos racionales.