Tito Ureta, homenaje póstumo a un grande de la divulgación científica en Chile

Tito Ureta Aravena
Tito Ureta Aravena, médico cirujano de la Universidad de Chile, postdoctorado en la Rockefeller University de New York, EE.UU. (1975-1976), bajo la dirección de Fritz Lipmann. Desde 1975, profesor e investigador del departamento de bioquímica de la facultad de ciencias básicas y farmacéuticas de la Universidad de Chile. Publicó numerosos trabajos de investigación sobre metabolismo de glucosa y evolución de isoenzimas.

Dejándome llevar por las embriagantes lecturas de divulgación científica “Vida en el planeta tierra” y “Vida extraterrestre en el Sistema Solar”, publicadas en el libro ARKA de Editorial Universitaria, y “La navaja de Occam” a cargo del profesor Tito Ureta, es que me dirigí con viento fresco a una reunión previamente acordada con él en su casa una apacible tarde de sábado del mes de junio de 2011; sin saber que iba a ser heredero de una de las últimas entrevistas que diera en vida el académico y docente.

El profesor me recibió con su tranquilidad y sencillez características, junto a su esposa, Elfriede, en un hogar lleno de libros, música y cultura, los que, acompañado del espíritu ameno del profesor, hicieron de esa tarde un evento inolvidable.

Una de las motivaciones para entrevistar al profesor Ureta fueron sus actividades como divulgador de la ciencia y su postura escéptica con respecto a los famosos extraterrestres y OVNIs, tan difundidos por los medios de comunicación actualmente, donde la superstición y las pseudociencias son el pan de cada día.

La entrevista fue un vívido recorrido por sus primeros años en la escuela secundaria en el Norte de Chile, que definió su formación y gusto por el aprendizaje intuitivo, lo que sumado al estímulo de buenos profesores, se convirtieron en los pilares fundamentales de un espíritu crítico y reflexivo.

Su gusto por la experimentación fue estimulado en la cátedra Cruz-Croke de la universidad de Chile, donde cursó su carrera de médico y en donde pudo replicar experimentos clásicos, tales como los de contracción muscular, siendo el punto inicial en su carrera científica, lo que sumado a la intacta capacidad de asombro que conservó de niño, convirtieron a un joven junior iquiqueño del Hospital José Joaquín Aguirre en el eminente médico, bioquímico y gran divulgador de la ciencia que todos conocimos.

La divulgación científica es algo que le brotó de manera natural al unir su experiencia  sencilla de vida con el mundo académico, pues según sus propias palabras: “Todos tenemos derecho a aprender y lo que falta son sólo oportunidades”.

Para don Tito, en el mundo de la ciencia hay dos tipos de científicos, que define como los Apolíneos y los Dionisiacos: mientras los primeros saben con certeza lo que van a encontrar en un experimento, los segundos se dejan llevar por el gusto de experimentar y probar cosas nuevas en un ambiente lúdico, disfrutando del placer de la búsqueda. Y eso es lo que hay que enseñar a los nuevos estudiantes de ciencias, a ser Dionisiacos y menos Apolíneos, que es la tendencia universitaria actual.

La pasión por las artes del violín lo a acercaron al mundo de la música y sembraron un sentimiento que lo acompañó toda la vida en una serena melodía que se silenció el mes de junio de este mítico año 2012.

El profesor Ureta se nos fue al otro lado del arco-iris, pero su legado vive en todos aquellos que con sencillez y entrega son capaces de salir de su cúpula apolínea para entregar algo de divulgación científica a las inmensas mayorías que, desprovistas de mejores referentes, son presa fácil de los suscitadores de misterios  y pseudociencias que tanto abundan hoy en la televisión nacional.

Su calidad humana y pasión por la ciencia me hicieron reflexionar en torno a la figura del científico y reconocer que el dr. Tito Ureta es un ejemplo de vida digno de imitar.

Es mis propias palabras Tito Ureta Aravena fue un científico romántico, dionisiaco, juguetón, apasionado por la ciencia, la divulgación y la vida, con una gran calidad humana que nunca olvidó su origen humilde y que como una lumbrera brilló siempre para inspirar a las nuevas generaciones de médicos, investigadores y científicos.

Gracias, profesor, por el inmerecido privilegio de recibir sus últimas palabras en una entrevista para la  Asociación Escéptica de Chile.

Entrevista

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Y quién mejor para despedirse que el propio profesor Tito Ureta, quien en su discurso de recibimiento de la medalla Rector Juvenal Hernández Jaque dijo:
«La Universidad de Chile ha sido el mejor sitio para el discurrir de mi vida. Además de educarme invirtió dinero en enviarme al extranjero para pulir, hasta donde fue posible, mis asperezas académicas. Me dio la libertad de pensar sin mayores interferencias excepto en el período en que la Universidad fue intervenida. Logró entusiasmarme al mostrarme un camino de verdad, de belleza, de realización plena. Para ello solo me exigió el voto de pobreza, pero no el de obediencia, ni menos el de castidad. Al caer las sombras del crepúsculo diré con el salmista: nunc dimitis, con la alegría de haber cumplido el imperativo de excelencia hasta donde mis capacidades lo permitieron. Pero especialmente porque me dio la posibilidad de recorrer la vida, día y noche, al enseñarme que hay más para ver que lo que puedo ver, que hay más para expresar que lo que puedo decir, pero aún más para mantenerme en silencio»
─ Palabras finales del discurso que dio al recibir la Medalla Rector Juvenal Hernández Jaque, 6 de septiembre de 2010

Obras del autor

Sobre la entrevista
  • Entrevistador: Crystian Sánchez
  • Grabación: Crystian Sánchez
  • Edición de audio: Millaray
  • Música: "space dream" de Wormhole Technology (canción bajo Licencia Creative Commons)

2 comentarios:

Ciberprofe_Roberto dijo...

Como en una carrera de relevos el profesor Ureta nos dejó el testimonio en nuestras manos y debemos hacer avanzar la ciencia y la razón. Ojalà pudiésemos crear en la juventud una  nueva generación de cientificos "dionisiacos".

Christian Álvarez dijo...

Hermosa entrevista, lamentablemente vine a saber de él tras su muerte, producto de la enorme conmoción que le generó a mis amigos dedicados a la biología. 

Notable también la frase de Crystián "el metafísico es un artista frustrado", habiendo conocido las facultades de Arte, Filosofía, Humanidades y Cs. Sociales de la Uc, puedo decir que es muy cierto, jaja. 

Saludos, compañeros.



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