|
|
"Porque la evolución es verdadera", libro de divulgación de Jerry A. Coyne. Imagen: Buscalibre.com |
A la hora de discutir la veracidad de cualquier afirmación sobrenatural, es habitual que sus defensores o sus adherentes acusen a los escépticos de una variedad de cargos variopintos: que nosotros no investigamos nada, que no sabemos nada, que depender de la ciencia (o exigir evidencia científica) es ser “cerrados de mente” y que, de todas maneras, si la ciencia quisiera investigar, tampoco podría saber nada porque, al final, “en el universo hay más cosas de las que la ciencia o nuestros sentidos pueden detectar”; ergo, cualquier afirmación sobrenatural que nuestro acusador apoye debe ser, desde su punto de vista, no sólo cierta sino que además totalmente fuera del alcance de nuestras “cerradas mentes”.
Como hay mucho que decir en contra de tales acusaciones, cuando
leí una publicación de Jerry A. Coyne en su blog “
Why Evolution is True” (1 de abril de 2013) que justamente toca este tema, consideré que intentar escribir algo por mi cuenta era innecesario.
Para quienes no lo conozcan,
Jerry A. Coyne es doctor en biología evolutiva de la Universidad de Harvard, profesor del departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Chicago y es, en última instancia, un científico de tomo y lomo. Además, es autor del libro de divulgación científica “
Porqué la evolución es verdadera” (
Why Evolution is True), el cual es una delicia de leer para quienes de verdad quieren entender sobre ese particular tema. Y, por supuesto, Jerry A. Coyne es el propietario
de su blog homónimo.
Así que, como AECH, solicitamos autorización al doctor Coyne para realizar una traducción y publicación de su post “
Must we assume naturalism to do science?”, quien accedió amablemente a ello, y el resultado final es el texto que dejo a vuestra disposición a continuación. Espero lo disfruten.
Nota del traductor: se han insertado algunos comentarios aclaratorios encerrados entre corchetes […] y no están (necesariamente) en el texto original. Todas las atribuciones al pronombre “Yo” y las afirmaciones en primera persona en el texto traducido aluden a su autor, Jerry A. Coyne.